Especialista de vino certificado por la Wine Educators Society, Washington D.C. Socio fundador de Casa
Dos RR Pasión por el vino.

“Comienza el vinillo nuevo y échale la bendición: yo tengo por devoción de santiguar lo que bebo”; “LA CENA JOCOSA”, de Baltasar del Alcázar.

«No hay nada que fascine más a un grupo de amigos que la parrilla, asador, horno dónde abrasar un buen corte, o bien, yéndonos más imaginativamente, desde un octópodo hasta un bivalvo, pasando por un pescado zarandeado, crustáceos desde el camarón hasta la sutil langosta.»

No es el destino, es el camino el que se saborea. Toda la diversión está en la preparación del anhelado platillo y todo lo que lo rodea en el proceso.

Los amigos, las anécdotas, un estado de ánimo en crescendo y los aplausos para el chef que fue el autor de la mejor brocheta, el mejor matambre y del mejor asado frente a sus inmisericordes jueces tomados por amigos.

Desde los albores de la humanidad, el fuego, desde que Prometeo se lo dio a los humanos, ha sido el compañero y defensor de los peligros, y también su promotor en el sabor de los alimentos para hacerlos aún más palatables.

La cocción al fuego tiene miles de años, acto que en un principio fue meramente de sobrevivencia, ahora son buenas razones para la convivencia en familia, amigos y para hacer otros nuevos.

Mas allá de todo ello, está la pasión del parrillero que en un noble acto de inspiración, exuda su mejor ingenio para la creación, el solaz y la gran satisfacción de haber hecho algo que despierte sendos “mmmhhh”, maniobra que utiliza el sentido del gusto para pasar de manera retroactiva el aire colmado de olores y así poder, en conjunto con las sensibles papilas linguales, emitir un juicio que va directo al centro del placer.

Característicamente, ha sido la cerveza la acompañante de estas bacanales y entusiasmos. Bebida inventada en el antiguo Egipto, continúa hasta nuestros días con un galopante éxito merced a la gran aceptación del sabor, del gran poder de apagar la sed, aunque luego nos pase la factura al doble y, porque en un día soleado y caliente, nada se antoja más que una cerveza cercana al punto de congelación que nos deje helados hasta los pensamientos.

Existe, sin embargo, la otra cara de las parrilladas, una más cerebral, pero al mismo tiempo invadida de sentimientos y de oleadas de cultura.

Solamente de imaginarse un corte grueso de la carne más mimada y fina, sufriendo la lamedura de las llamas hasta caramelizarse por el efecto de Mallard, vestirse de un apetitoso color dorado-café con destellos luminosos, como aquéllos que nos da el reflejo del Sol en el desierto en una sensación de agua a lo lejos.

El sólo esperar a la primera mordida, jugosa, donde explotan los granitos de sal disparados hacia el paladar y la estimulación violenta de las glándulas salivales es todo un evento, atávicamente memorable que viene a recordarnos al hombre de las cavernas que aún llevamos dentro.

El VINO, desde el Neolítico, hace su aparición y se convierte en el compañero por excelencia del hombre. Mencionado en las historias de los dioses griegos, romanos y en la misma Biblia como un actor principal en las costumbres de la época, es hasta nuestros días un factor que ha crecido exponencialmente y que, hoy por hoy, es la “única obra de arte que se puede beber” (sic).

En el ARTE DE ASAR, existe todo un universo de posibilidades para crear una experiencia de los sabores maridados del VINO con elementos provenientes del aire, mar y tierra.

La CARNE ASADA, en especial los cortes finos, van muy de la mano con VINOS que tengan un cierto cuerpo, basados en buenos taninos y una acidez viva. Las proteínas cárnicas se llevan muy bien con los taninos que producen astringencia o esa sensación que la lengua se nos pega al paladar.

Un buen TEMPRANILLO, CABERNET SAUVIGNON Y MALBEC (QUIMERA DE ACHAVAL FERRER) con cuerpo medio-robusto hará las delicias de unos ‘STEAKS’. Existen Tempranillos y Cabernet mexicanos de alta gama como los monovarietales de la Finca la Carrodilla del Valle de Guadalupe, cuyas notas de fruta negra y pimientos se entrellevan muy bien con un suculento bocado de RIB EYE muy bien sellado con sus chispas de sal en la corteza.

El PATO, este volátil muy común en el sudoeste de Francia, hace las delicias en el asador con su piel crujiente y su grasa deliciosa. No existe mejor amigo del PATO que el SYRAH; un buen Shiraz australiano hará el trabajo.

Su gran contenido en notas de frutos negros muy maduros y especias de hornear será como un regalo a la CARNE NEGRA que retoza en gusto animal.

Un CERDO al BBQ nos dará buenas cuentas con un buen MERLOT DE NAPA, sus notas de frutas confitadas irán como primor al gusto azucarado y ahumado de la salsa pegajosa y dulce. La CARNE DE CERDO, que es tan versátil, se mimetiza inmediatamente dando paso al señorío del VINO.

El POLLO, que no puede faltar en los asados familiares, va muy bien con un VINO ROSÉ muy helado; la carne suave y versátil de este alado permite tomar los sabores a tal grado que se olvida el propio, para dejar paso a su acompañante de salsas como el orégano y el chimichurri.

Cuando en BROCHETAS CON TOCINO, le hará bien el favor un buen PROSSECO o una CAVA, la acidez y la espuma disiparán adecuadamente la grasa del tocino, vale la pena probarlo.

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